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 13. TARA......

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MensajeTema: 13. TARA......   Sáb 16 Mayo 2009 - 14:27

De: XOLMETH (Mensaje original) Enviado: 20/10/2004 22:50





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13. TARA




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[NX: Tara y los Nagas o Raza Serpiente no aparecen mencionados en las Tablillas Sumerias, pero sí en los relatos hindúes].

¿Qué hace una chica cuando lo ha perdido todo? Después de una época en la que llorando me dormía en los brazos de mi madre, empecé a sentirme como una tonta. Aquí estaba yo, Inanna, Reina del Cielo, escondida en la casa de mis padres. Cuando empecé a recuperarme me sentí un poco cohibida y avergonzada. Por primera vez empecé a reflexionar sobre el significado de mi vida y sobre lo que había hecho. En lo profundo de mi alma sentía una angustia y me preguntaba si los demás también la sentían. Era algo extraño y nuevo para mí.

A diario llamaba a mi amigo Matali y conversábamos mucho tiempo. Matali era considerado como el más sobresaliente ingeniero de energía de plasma. Era un físico que podía reparar cualquier cosa.

De vez en cuando volaba la nave de Enki por amistad, pero hacía tiempo se había desilusionado del modo de vida de los dioses. Matali se había casado con Tara y se había ido a vivir con su gente para empezar una nueva vida.

Tara era de la antigua raza de la Gente Serpiente, los Nagas, una raza que vivió en la Tierra eones antes que mi familia. La Gente de la Serpiente vino de un sector diferente de la galaxia, de Altair, para vivir en el centro de la Tierra. Matali sugirió que me fuera con ellos al Reino Serpiente. Él pensaba que el cambio me haría bien, así que vinieron a recogerme a casa de mi madre.

Tara y yo habíamos llegado a ser muy amigas en el Valle del Indo, donde ella les había enseñado a mis sacerdotisas las artes de la danza. Ella había aprendido el arte de la danza celestial de los Apsarases, los danzantes del cielo. Tara era una experta. Por medio de una concentración intensa ella podía levantar su delgado cuerpo en el aire y ejecutar movimientos celestiales de máxima elegancia y gracia. Desde las puntas de sus dedos hasta las campanas de oro que cantaban suavemente sobre sus tobillos, la danza de Tara es una expresión exquisita de sentimiento.

iYo la amo tanto! Al verme tan desolada puso sus brazos a mi alrededor y empezó a llorar. «iOh, mi querida amiga!», expresó. Por un momento mi orgullo me impidió llorar, pero muy pronto empecé a hacerlo. La belleza de Tara no era solamente física, procedía de su interior. Ella poseía un tranquilo equilibrio de ser, una sabiduría cariñosa. Todo eso la hacía atrayente. No es de extrañar que Matali la amara. Él nos miraba fijamente y de un modo amoroso mientras llorábamos una en los brazos de otra y la nave trepaba por los cielos buscando un portal del tiempo.

El Reino de la Gente Serpiente era en verdad extenso. Dentro de Terra existen muchas ciudades que resplandecen cada una con torres de alabastro blanco. El aire es fresco y es regulado por sistemas sofisticados cuyas fuentes de energía están en los polos de Terra. Hay huertas y campos de cultivo que producen alimentos en abundancia para la gente. La Gente Serpiente posee una gran variedad de cuerpos: unos son humanos, otros mitad serpiente o reptil. Pueden ver en la oscuridad y, con sus habilidades telepáticas, pueden tener acceso a las mentes de un grupo si lo desean.

A medida que los días pasaban en el Reino de la Serpiente, yo no dejaba de hacerle preguntas a Tara; le rogaba que me entregara sus secretos. ¿Qué le daba a ella esa integridad y esa belleza? ¿Cómo podía yo lograr ese estado mágico? Tara me contó muchas cosas, de cómo su gente había venido a este planeta hacía mucho tiempo para construir sus ciudades y túneles subterráneos. Me contó que entre ellos solamente había una persona que lo sabía todo, y que se le llamaba La Sabia, la Vieja Mujer Serpiente.

Le imploré que me llevara a ella. Se hicieron arreglos para que Tara, Matali y yo viajáramos juntos a la morada de la Vieja Mujer Serpiente. Su nombre es impronunciable en su idioma actual; es un sonido que transmite amor. De los hombros para abajo es mujer, pero de los hombros para arriba tiene la cabeza de serpiente. Emana una energía que yo nunca había sentido antes y que no la he vuelto a sentir desde entonces. No es ni joven ni vieja y cuando tú tratas de mirarla fijamente se transforma continuamente ante tus ojos. En un momento es belleza exquisita, en el siguiente un demonio furioso. No obstante, uno nunca siente miedo en su presencia. Es como si ella encarnara todo lo que es, y eso está muy bien.

Cuando me senté frente a ella, hizo un ademán indicando que sabía lo que yo quería. Sabía quién era yo y todo lo que había hecho. Parecía conocerme incluso más allá de mi vida como Inanna. Era como si siempre nos hubiéramos conocido; como si de algún modo yo siempre hubiera estado en su mente. Me miraba con una curiosidad familiar y compasión. No mostró ningún deseo de controlarme o manipularme. Encontró gozo en mis aventuras, en mi deleite e irradiaba su amor incondicional.

Poco a poco todo lo que nos rodeaba se convertía en una luz dorada intermitente, el tiempo empezó a derretirse y sentí que las dimensiones convergían. En mi mente vi que Terra había existido durante eones. En este lugar de la galaxia habían existido tres esferas y esta Terra actual era la tercera. Al final de cada ciclo la esfera había sido destruida y en su lugar se había creado un nuevo planeta.

Tuve una visión de lo que fue la primera Terra. Esta época mas sutil y más amable que la de la colonia nibiruense. Había un gran amor en el planeta y los seres que existían estaban dedicados a regresar al Primer Creador.

En ese tiempo vi un día, océanos de laderas con grupos de gente, todos vestidos de blanco sentados sobre las cuestas. En la cima de una ladera había un pabellón de mármol con columnas altas y bajo éstas había doce parejas en una hilera en forma de media luna. Empezaron a cantar: «Illiii... OHhhh... AHhhh...». Repetidas veces estos tonos fluían por las laderas hasta que todo vibraba en sonido. Había una multitud de entidades con rostros brillantes que entonaban las mismas frecuencias y, a medida que la energía incrementaba, los seres empezaban a convertirse en luz. Al principio la luz solamente rodeaba sus cuerpos, pero luego sus cuerpos eran luz. Cada hombre, mujer y niño sobre esas laderas se convirtió en una luz. A medida que sus frecuencias continuaban pulsando y ascendiendo, el sonido se convertía en una espiral. Estas energías que se formaban atrajeron hacia la luz en espiral ángeles y otros seres elevados. Finalmente el Primer Creador aspiró la espiral mientras el gozo resplandecía a través de todo el universo.

En nuestro estado de éxtasis y gozo sublime habíamos presenciado una ascensión en masa. Vida que alegremente regresaba a su fuente: el Primer Creador. De algún modo Tara, Matali y yo estábamos en ese pabellón de mármol y, no obstante, estábamos todavía en presencia de la Vieja Mujer Serpiente. Era como si no existiera la separación de los eones, como si estuviéramos simultáneamente en ambos tiempos y lugares. Por nuestros rostros corrían lágrimas de felicidad.

En nuestros corazones le agradecimos a la Vieja Mujer Serpiente y nos despedimos de ella. Nuestros cuerpos estaban cargados de fuerza eléctrica, y fue suficiente por un día.

*

De regreso en el reino de los dioses, Marduk estaba conspirando y planeando. Nergal no se había dado por vencido y estaba formando alianzas con los enlilitas, los enemigos de su padre Enki. La animadversión entre los hijos de Enki y de Enlil se concentró en la atmósfera de la Tierra. Desde las profundidades del Reino Serpiente observábamos cómo los dioses se acercaban cada vez más a su destrucción.




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