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 15. INTERFERENCIA

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MensajeTema: 15. INTERFERENCIA   Sáb 16 Mayo 2009 - 14:29

De: XOLMETH (Mensaje original) Enviado: 21/10/2004 21:16





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15. INTERFERENCIA




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El Gran Salón del Consejo Intergaláctico era una sala de reunión inmensa con techos transparentes y arqueados que daban al espacio infinito. Anu, Enlil, Enki, Ninhursag, Nannar, Ninurta, Nergal, Utu y yo estábamos todos formalmente sentados en el círculo del Consejo. Marduk no quiso asistir. De repente yo me sentí pequeña y me alegré de que Anu estuviera allí, pero hasta él parecía disminuido en este lugar. La sola presencia de los miembros del Consejo nos volvió humildes, un sentimiento al que no estábamos acostumbrados.

Los Doce Superintendentes del Consejo eran una muestra representativa de las galaxias. En el auditorio había cientos de otros representantes de todo el universo. ¡Tantas especies! Había miembros de Sirio, Andrómeda, Orión, Arcturo y muchos otros sistemas solares.

Los Etéreos estaban muy bien representados. Ellos tienen una frecuencia vibratoria muy alta. A veces se ven sólidos, otras veces transparentes o translúcidos y se dice que están por encima de la polaridad, aunque yo todavía no he experimentado ese estado. Yo no sabía por qué, pero parecía que los Etéreos tenían la última palabra en la conducción de la reunión.

También vi seres que eran esferas o bolas de luz y volaban alrededor de ti, transformándose en los colores del espectro; primero dorado, después rosado o turquesa. Poseían la habilidad singular de entrar dentro de ti con permiso, de llenar tus células con luz y, por medio de esto, conocer la suma total de tu ser. Me pareció que esto era una manera muy interesante de comunicarse. Yo estaba feliz con todas estas nuevas experiencias cuando la disposición de ánimo en el Salón cambió.

Cuando Anu se puso de pie delante de Los Doce, de ellos salió simultáneamente un sonido el cual se convirtió en palabras que fueron claramente entendidas por cada raza: «¡NO INTERFERENCIA!».

No interferencia es la ley del universo del libre albedrío y nosotros, dijeron Los Doce, habíamos violado esta ley al interferir directamente en la evolución de una especie. La ley afirmaba que era posible ayudar a la evolución de los seres si, y solamente si, ellos solicitaban esa ayuda. Alterar su ADN y romper los campos electromagnéticos de un planeta entero con el arma Gandiva era algo monstruoso e ilegal.

Yo pensaba para mí que este concepto de libre albedrío debía ser como el mercado libre en Terra: es solamente libre cuando les sirve a los que están en el poder. Me parecía que este Consejo estaba tratando de presionarnos al interferir con nuestro libre albedrío.

Para el Consejo era obvio que no entendíamos muy bien, de modo que nos explicaron cuidadosamente que no nos iban a castigar, a volar en pedazos o a confiscar nuestros juguetes. Con todo, algo nos sucedería. Un estado de conciencia, una energía, una disposición de ánimo que reflejaba la totalidad de nuestras acciones en Terra llegaría hasta nuestro mundo. Esta energía lentamente pero con certeza ahogaría la creatividad y espontaneidad de nuestras vidas. Nos veríamos bloqueados, incapaces de evolucionar. El Consejo llamó a esta energía la Pared. Claramente explicaron que nosotros no éramos víctimas, que nosotros mismos habíamos creado esta Pared. Era nuestro propio invento. Nosotros no les creímos.

También nos prohibieron rotundamente usar el Gandiva otra vez. El hacerlo se consideraría como un acto de guerra y pagaríamos las consecuencias. Si nosotros no creíamos que sus armas eran más poderosas que las nuestras, tal vez nos podrían mostrar hologramas de otros grupos errantes que habían sido aniquilados por violar la ley. Agregaron que sus armas no solamente destruían civilizaciones sino que eran tan poderosas que podían vaporizar las almas de los habitantes. ¡Ellos nos podían regresar a la mente del Primer Creador para no existir más, no nos darían la posibilidad de encarnar en ninguna forma! Por mi bello cuello azul subió un escalofrío.

El Consejo continuó diciendo que más tarde en nuestro desarrollo sería obvio para nosotros que habíamos estado en la fase adolescente. Desavenencias como las de Enki y Enlil pasarían con el tiempo y habrían servido para un fin. Mientras tanto no se nos permitiría destruir planetas o fracturar el tiempo con estas explosiones. Recordad. Ellos concluyeron con la palabra ¡RECORDAD!!! Anu estaba visiblemente aturdido; yo nunca lo había visto así. Yo traté de hablarle pero él ni siquiera me notó. Anu regresó a Nibiru, Enki y Enlil volaron a la estación orbital. Los tres quedaron en comunicación permanente.

En medio de todas las discusiones y reparos, donde cada hijo culpaba al otro, apareció en nuestras pantallas de comunicación un mensaje urgente: Marduk había sitiado todo el sistema solar pleyadiano. Durante muchos años en secreto había fabricado ejércitos de clones y los había entrenado en un planeta abandonado. El temor que había aprendido a sacar de la raza humana le servía ahora como alimento y energía para apoyar este proyecto impresionante. Con un ataque sorpresivo entró a las Pléyades y destruyó la monarquía gobernante. Ahora tenía todo bajo su tiránico control y le ordenó a Anu que se rindiera o de lo contrario destruiría a Nibiru. Anu escapó con Antu a un sistema vecino.

Todos estábamos sobresaltados. Enki y yo volamos con Matali al centro de la Tierra para escondemos en el profundo mundo subterráneo del Reino Serpiente, donde estaríamos a salvo de los restos de la radiación del Gandiva. Enlil salió para unirse a su padre Anu. Los dos estaban decididos a desarrollar un plan para recuperar a Nibiru y liberar a las Pléyades.

A salvo, y más allá de las frecuencias de tiempo del planeta desolado, nuestra familia observaba con horror cómo Marduk empezaba a apoderarse de lo que quedaba de Terra y sus habitantes. Con el tiempo se apoderó de su planeta. No utilizó ejércitos para conquistar Terra, usó la propaganda. Los sacerdotes de Marduk acusaron a Enlil de desatar el terrible Gandiva contra los indefensos humanos. Era, después de todo, la verdad y por eso Marduk hizo que los habitantes de Terra se volvieran en contra de Anu y Enlil.

Marduk hizo todo lo posible por difamarme. Decía que yo era una bruja malvada que devoraba a los hombres y convertía mujeres inocentes en prostitutas. Como codiciaba mis templos y las tierras que poseían mis sacerdotisas, inició una campaña de difamación para destruir a estas mujeres. Mis sacerdotisas, quienes estaban muy bien entrenadas en negocios y en las artes, fueron acusadas de magia negra, de lanzar conjuros por toda la tierra. Siempre que algo salía mal, ya fuera una tormenta o una falla en las cosechas, les echaban la culpa a mis mujeres. Y Marduk se encargó de que muchas cosas salieran mal. Mis bellas sacerdotisas fueron encarceladas, golpeadas, torturadas, violadas y quemadas vivas. Se confiscaron todas sus propiedades. Marduk se estaba vengando de mí, la que ordenó que lo enterraran vivo.

En el Reino Serpiente, yo yacía en una pequeña cama en un cuarto cómodo pero no me daba cuenta de lo que había a mi alrededor. En el ojo de mi mente vi cómo los hombres de Marduk desfiguraban y mutilaban mis templos. Todas las imágenes de las diosas fueron reemplazadas por la suya propia. Talló su nombre en piedra por encima del mío y reescribió la historia, convirtiéndose a sí mismo en el héroe de cada cuento y leyenda. En medio de una agonía impotente vi cómo mis sacerdotisas sufrían todo tipo de humiIlaciones. Hay tantos cuentos de hadas sobre vírgenes a las que se llevan los dragones y las encadenan en cavernas oscuras. Estas historias están basadas en la verdad, pero no había ningún caballero en armadura que viniera a rescatar a mis bellas sacerdotisas.

Marduk no se detuvo con mis mujeres; no estaría satisfecho hasta que aplastara a todas las mujeres. Para lograr esto, usó a los hombres. Les dijo a los humanos varones que ellos eran superiores, que la mujer había sido creada de la costilla de un hombre para que le sirviera. Mentiras, mentiras salían a borbotones de la boca de los sacerdotes de Marduk.

A medida que las mujeres perdían su posición de respeto, los hombres a su vez perdían parte de sí mismos. Las cosas no volvieron a ser iguales. Incluso hacer el amor se convirtió en una guerra. Como Marduk quería más subditos para controlar y más energía del temor que se generaba, fomentó la procreación de sus subditos. En la luna de Terra colocó un aparato electromagnético que conectaba la ovulación femenina con sus ciclos. Ni siquiera los animales de Terra se podían preñar con tanta frecuencia como sus mujeres. Marduk quería producir el temor como una mercancía, así que les ordenó a los Lulus que se multiplicaran. Esto le daría más subditos para tiranizar y así podría generar más energía a partir de su temor.

El temor se convirtió en la mercancía más valiosa para Marduk. El temor imperaba: temor a la muerte, temor al castigo, temor al conocimiento. Con una fuente tan ilimitada, Marduk podía alimentar a sus legiones de clones y Terra se convirtió en una central eléctrica para Marduk y sus tiranos.

Y tiranos eran; desde los gobernantes de los países hasta los administradores de compañías, la tiranía era la ley. Imponer la voluntad de uno sobre otro era la expresión más altamente valorada de la vida humana. Con la tiranía llegó su amiga, la avaricia. Y como nadie puede estar cerca de aquellos que controla, las cosas, los trofeos de la conquista y el control reemplazaron al amor. El placer se definía en términos de posesión y los objetos reemplazaron a la intimidad. Desde el Reino Serpiente, yo vi el futuro de este mundo proyectarse ante mis ojos. Vi cómo Marduk se volvía más y más astuto en sus técnicas de control y de generar temor sobre los Lulus. Sacerdotes y políticos desfilaban delante de mí; los estilos cambiaban, pero la tiranía fundamental permanecía intacta. Una garra invisible se esparció por las mentes y almas de los habitantes de Terra. La Inquisición, el sistema feudal, cientos de «ismos» que prometían esperanza venían y se iban. La industrialización trajo consigo el trabajo vacío, aumentó el materialismo y contaminó las aguas, la tierra y los alimentos.

Marduk perfeccionó la manipulación con la llegada de los medios de comunicación: televisión y periodismo. Repetidamente los humanos eran entrenados para adorar algo fuera de sí mismos; no se les animaba a mirar hacia adentro. Siempre había alguien allá para adorar, alguien que era mejor y más elevado. Dudando de sí mismos, los Lulus escuchaban sin cesar a los «expertos», quienes a su vez se contradecían entre sí aumentando de este modo la confusión.

Los humanos que lograban pensar por sí mismos eran excluidos como desadaptados, eran castigados o en el mejor de los casos los hacían sentir culpables. Si uno lograba algo, los otros se sentían inferiores y se fomentó el sentimiento de culpa. La psicología se hizo popular y los humanos les daban el dinero a aquellos que escuchaban sus sentimientos de culpa y temor durante horas, días, años. Para Marduk la culpa era tan nutritiva como el temor.

Si había una escasez de temor Marduk ocasionaba una hambruna, un terremoto o un huracán. Esto podía ser real como suceso real en la naturaleza, o podía simplemente ser un holograma o un programa de televisión.

Desde mi pequeña cama, el futuro de Terra se veía desalentador.

*

A medida que viajaba por el tiempo, de repente empecé a comprender como un rayo que golpeaba mi cerebro cansado, que Marduk éramos nosotros. Él era el inconsciente colectivo de la familia de Anu proyectado sobre Terra. Lo habíamos creado del mismo modo como habíamos creado todo lo de nuestras vidas. Cada uno de nosotros había dado a luz a Marduk en esta dimensión. Obviamente, si lo habíamos creado, también podíamos deshacernos de él. ¿Pero cómo?




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